Reunión de APG con colegas en Ourense

El lunes día 16 de abril celebramos una reunión con almuerzo en Ourense, aprovechando la ocasión de que tres asociados han cambiado de situación laboral en los últimos meses. Junto con José Manuel Rubín, Antonio Nespereira y Lalo Pavón estuvimos la directiva de la APG,  otros socios y colegas de Ourense.
Como es habitual en estos encuentros promovidos por la Asociación de Periodistas de Galicia, entregamos a cada uno de ellos un libro con dedicatorias y firmas de los presentes. En este caso se trataba de unos ejemplares proporcionados por el aula de cultura de la Diputación de Ourense.
Fue un encuentro que también ha servido para dar un paso más en el relanzamiento de las actividades de la APG en Ourense, con la incorporación de nuevos socios y con la planficiación de nuevas actividades en favor de los profesionales del periodismo en esta situación tan grave que estamos viviendo.



 En el acto, Martín Fernández Vizoso leyó un artículo en el que reconocía la labor de Rubín como delegado de al Voz en Ourense y de otros compañeros en la misma aventura profesional.

Dice así:
                             ELOGIO (SENTIMENTAL) DE RUBÍN

Rubín y yo fuimos dos de aquellos catorce apóstoles a los que Santiago Rey envió a conquistar y a evangelizar el mundo.

Eran tiempos duros e inciertos en los que las noticias, cocinadas a fuego lento, entraban, a veces, en las Redacciones, de la mano del revisor del coche de línea. Años en los que todo estaba por venir y nunca, o casi nunca, llegaba. Entonces, los caudillos locales _Trompetas y Barbacanas_ tenían largas y afiladas hoces con las que desbrozaban su camino segando la hierba bajo los pies. Y la tierra desprendía un vaho aún caliente por el fuego cruzado de pasadas pasiones.

Esas eran las dimensiones del teatro. Y ahí nos abrimos paso como pudimos, a machetazos por ciénagas pantanosas. Fueron frecuentes, y a menudo sonadas, nuestras refriegas y desencuentros con carnívoros de todo tipo porque ibamos por el monte solos, como el gitano de Lorca. El maremoto del mundo no ofrecía más horizonte que resistir, vivir de pie y al pie de cada hora. Tanta incertidumbre y tanto cansancio acumulado nos dejó una piel dura, como lagartos del sol de tarde, una cierta desconfianza en el ser humano, y una irrefrenable querencia por el sur, por cierta calle, por cierta esquina…

Un día fue nuestra hora alta y pudimos decir, tras la conquista de infieles: . Y, en efecto, lo eran. Eso lo supimos más tarde: un periodismo de instinto y gabán, de tabaco y sudor. Nadie nos regaló nada y nada conseguimos fuera del más preciado de los tesoros: el calor de unos pocos amigos, la memoria larga de cierta gente, alta y decente, y el vago recuerdo de que alguien nos dijo, en algún sitio, alguna vez: .

Ahora me dicen que se jubila Rubín y marcho raudo y derechito a su homenaje. La noticia me llegó por Twiter. ¡Qué tiempos!. Hoy al periodismo lo denominan Sociedad de la Información y a mi vieja Margarita ahora le llaman Margot...

Me siento como una dorna varada bajo el paraguas generoso de Arturo Maneiro. Y me reconfortan los honestos restos del naufragio de muchos amigos que, como yo, tambien se llaman Rubín, una referencia del mejor y más íntegro periodismo y un modelo de amigo, franco y leal.

Martín Fernández
Ourense, 16 de abril de 2012

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